Algunas de las múltiples versiones de este texto.
Un espacio para la búsqueda de la sabiduría perenne; un lugar de reflexión para mí y todos quienes lleguen aquí como una posta en su camino personal.


Preguntó el príncipe: ¿Habrá en el futuro, quien pueda aprender y seguir los preceptos del Tao de vida que usted ha escrito en estos pergaminos de bambú?
Contestó el maestro: Por favor, amable príncipe, no te preocupes por eso.
Muchas, muchísimas generaciones después, si aún existen buscadores del Tao, hallarán estas enseñanzas.
Hua Hu Ching

Introducción de U. K. Le Guin (especial para el corre ambulancias)

viernes, 30 de marzo de 2007

El Tao Te King fue escrito probablemente hace unos dos mil quinientos años, quizá por un hombre llamado Lao Tse que seguramente vivió en torno a la misma época que Confucio. De esta obra nada es seguro salvo que es china, y muy antigua, y que habla a personas de todo el mundo como si se hubiera escrito ayer.
El primer Tao Te King que vi en mi vida fue la edición de 1898 a cargo de Paul Carus, encuadernada en tela amarilla con dibujos y caracteres chinos en azul y rojo. Era un venerable objeto de misterio que pronto investigué y que encontré más fascinante por dentro que por fuera. El libro era de mi padre; lo leía a menudo. En una ocasión vi que él tomaba notas y le pregunté qué estaba haciendo. Me dijo que apuntaba los capítulos que le gustaría que se leyeran en su funeral. Leímos esos capítulos en su servicio fúnebre.
Poseo el libro, que hoy tiene noventa y ocho años de edad y está todavía más ornamentado, en esta ocasión con cinta adhesiva roja para sujetar el lomo, y que tiene los capítulos que me gustaría que se leyeran en mi funeral. En las Notas explico por qué fui tan afortunada al descubrir a Lao Tse en esa edición en concreto. Aquí me limitaré a decir que fui afortunada al descubrirle siendo yo tan joven, de tal manera que he podido vivir toda la vida con su libro.
En las Notas también hablo de otros aspectos de mi versión, del cómo de la cuestión. Aquí deseo dejar dicho brevemente el porqué.
El Tao Te King está escrito en parte en prosa, en parte en verso; pero tal como definimos ahora la poesía, no mediante la rima ni la métrica sino como una cierta intensidad del lenguaje según unos modelos, todo él es poesía. Yo quería captar esa poesía, su extraña y concisa belleza. La mayoría de las traducciones han cogido en su red ciertos significados, pero prosaicamente, dejando que se les escurriera la belleza. Y en poesía la belleza no es un adorno, es el significado. Es la verdad. Lo sabemos de buena fuente.
Las traducciones académicas del Tao Te King como manual para gobernantes utilizan un vocabulario que hace hincapié en la rareza del “sabio” taoísta, en su masculinidad, en su autoridad. Ese lenguaje se ha perpetuado, y degradado, en las versiones más conocidas. Yo quería un Libro del Camino accesible al lector de hoy, lego, carente de poder y tal vez ni siquiera masculino, que no buscara secretos esotéricos sino que procurara la voz que habla al alma. Me gustaría que ese lector reparase en por qué tanta gente ha amado este libro durante dos mil quinientos años.
Es el más fácilmente amable de todos los grandes textos religiosos (n. de ani: a mi entender, no en el sentido en que entendemos la religión sino más bien como re-unión con el principio único), divertido, agudo, tranquilo, modesto, indestructiblemente provocador e inagotablemente refrescante.
De todos los manantiales profundos, es ésta el agua más pura. Y, para mí, es también el manantial más profundo.

3 comentarios:

Carlos dijo...
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r.- el corre ambulancias dijo...

se le agradece la dedicatoria, mucho

ani. dijo...

de nada, r.